Ante la dependencia francesa y europea de las grandes plataformas extranjeras, el Consejo de Inteligencia Artificial y Digital aboga por un nuevo método: organizar coaliciones entre actores públicos, empresas privadas y ecosistemas de bienes comunes digitales. El informe propone, en particular, la creación de una "Fábrica de Bienes Comunes Digitales" y un papel reforzado para la futura autoridad Ariane.
La soberanía digital ya no puede considerarse como una simple preferencia nacional o como una oposición entre soluciones públicas y actores privados. Este es, en esencia, el mensaje transmitido por el Consejo de Inteligencia Artificial y Digital en una nota dedicada a "la urgencia de organizar la cooperación entre lo público, lo privado y los bienes comunes digitales". El informe parte de una observación ahora ampliamente compartida: Francia y Europa siguen siendo altamente dependientes de un pequeño número de actores extranjeros para infraestructuras y servicios digitales que se han vuelto esenciales, con riesgos económicos, de seguridad, políticos y de gobernanza.
El tema va más allá del círculo de expertos. Según el CIANum, la soberanía digital figuraba entre las prioridades expresadas por una mayoría de los 6,000 encuestados en su consulta ciudadana realizada a principios de año. Esta preocupación se encuentra hoy tanto en las administraciones como en las empresas, mientras que los desafíos relacionados con la nube, los datos, la inteligencia artificial, los software críticos y las dependencias tecnológicas adquieren una dimensión estratégica creciente.
Una respuesta a través de coaliciones en lugar de competencia dispersa
El informe fue elaborado a partir de un grupo de trabajo dirigido por seis personalidades calificadas, entre las que se incluyen Guillaume Poupard, copresidente del CIANum y Chief Trust Officer en Orange, Sébastien Soriano, director general del IGN, y Aymeril Hoang, director de EuroCommons en el grupo Caisse des Dépôts. Se entrevistaron a unas treinta partes interesadas, provenientes del sector público, privado, la investigación, el software libre, el código abierto, los bienes comunes digitales y las federaciones profesionales.
La propuesta central consiste en romper con una lógica de silos. Para el CIANum, la autonomía estratégica francesa y europea supone federar a los actores en torno a proyectos comunes, en lugar de permitir la multiplicación de iniciativas fragmentadas, a veces competidoras, a menudo insuficientemente sostenibles. El informe insiste así en la necesidad de construir coaliciones público-privadas-comunes capaces de alcanzar una masa crítica, en un contexto donde la complejidad técnica y las necesidades de inversión hacen ilusoria una respuesta aislada.
Este enfoque otorga un lugar particular a los bienes comunes digitales, a las capas bajas abiertas y a los estándares interoperables. El desafío no es solo producir alternativas soberanas, sino hacerlas mantenibles, adoptables y gobernables a lo largo del tiempo.
Una "Fábrica de Bienes Comunes Digitales" para identificar las dependencias críticas
Para estructurar esta estrategia, el CIANum propone la creación de una "Fábrica de Bienes Comunes Digitales". Esta tendría la misión de identificar los elementos prioritarios a través de un mapeo dinámico de las dependencias, federar a los actores públicos, privados y las comunidades de bienes comunes, y luego pilotar el desarrollo y la sostenibilidad de elementos abiertos co-construidos.
La idea responde a una debilidad recurrente de las políticas digitales europeas: la existencia de numerosas iniciativas, pero sin siempre una clara priorización, financiación estable ni gobernanza suficientemente legible. Al mapear las dependencias, la Fábrica buscaría concentrar los recursos en los componentes realmente estratégicos: infraestructuras, software, protocolos, estándares o elementos técnicos indispensables para el funcionamiento de servicios públicos y económicos críticos.
El informe también enfatiza el papel del poder público. Este no solo debería animar las coaliciones y garantizar la sostenibilidad de los proyectos, sino también utilizar la contratación pública como palanca de aceleración. En otras palabras, el Estado y las entidades locales no deberían solo financiar o fomentar las alternativas soberanas: deberían convertirse en sus primeros usuarios cuando estas respondan a las necesidades identificadas.
Ariane llamada a desempeñar un papel de liderazgo
El CIANum enmarca sus recomendaciones en el contexto de la creación de Ariane, la futura autoridad digital e inteligencia artificial. El informe propone, en particular, que un fondo dedicado, gestionado por Ariane, pueda apoyar los proyectos estratégicos. También llama a movilizar vehículos jurídicos adecuados para la gobernanza de los bienes comunes, especialmente cuando los proyectos involucran tanto a actores públicos, empresas privadas como a comunidades abiertas.
Esta dimensión jurídica es central. Los bienes comunes digitales a menudo sufren un paradoxo: pueden constituir infraestructuras esenciales, pero se basan en modelos económicos y organizativos frágiles. Financiarlos puntualmente no es suficiente. El informe aboga por marcos que permitan estabilizar su gobernanza, aclarar las responsabilidades y asegurar su mantenimiento en el tiempo.
La adopción sistemática de estándares abiertos también figura entre las recomendaciones, para evitar la fragmentación y garantizar la interoperabilidad. Es un punto decisivo: sin estándares comunes, las iniciativas soberanas podrían generar nuevos silos, donde el objetivo es precisamente reducir las dependencias y facilitar la cooperación.
Una soberanía necesariamente europea
El CIANum recuerda finalmente que la soberanía digital no puede construirse en un marco estrictamente nacional. El tamaño del mercado, las necesidades de inversión y la naturaleza transfronteriza de las infraestructuras digitales imponen un enfoque europeo. El informe recomienda apoyarse en el EDIC Digital Commons, cuyo mandato podría ser reforzado para convertirse en un eje europeo de bienes comunes digitales.
Se proponen tres misiones: mapear los proyectos existentes para evitar redundancias, financiar los bienes comunes estratégicos ya probados y animar a la comunidad para garantizar una coordinación eficaz y una gobernanza equilibrada. Esta lógica busca evitar la dispersión de los esfuerzos europeos, a menudo criticada en las políticas digitales e industriales.
Un cambio de cultura más que un simple programa técnico
La nota del CIANum tiene el mérito de desplazar el debate. No reduce la soberanía digital a la creación de "campeones" nacionales o europeos, ni a la mera sustitución de proveedores extranjeros por proveedores locales. Se centra en las infraestructuras colectivas, las dependencias invisibles, los estándares, la gobernanza y la capacidad para mantener en el tiempo elementos digitales críticos.
La dificultad ahora será operativa. Mapear las dependencias, elegir los elementos prioritarios, movilizar financiamiento, hacer que cooperen actores con intereses a veces divergentes, y sobre todo transformar la contratación pública en una verdadera palanca de adopción: cada uno de estos puntos constituye un proyecto complejo. Pero el informe plantea una pregunta que se ha vuelto central para la Europa digital: ¿cómo organizar la cooperación antes de que las dependencias se vuelvan irreversibles?
