El 1 de julio de 2026, la agencia Bloomberg informó que Meta prepara una actividad de cloud computing destinada a vender a terceros su potencia de cálculo para IA, así como el acceso a sus modelos alojados. El proyecto, bautizado internamente «Meta Compute» según la agencia, situaría al propietario de Facebook e Instagram en competencia directa con Amazon Web Services (AWS), Microsoft Azure y Google Cloud. Preguntado al respecto, un portavoz de Meta se negó a comentar: la empresa no confirmó ni desmintió nada, y la información sigue en condicional. La reacción de los mercados, en cambio, fue inmediata, y quizá ahí se lea el verdadero tema: la potencia de cálculo se ha convertido en un recurso tan escaso y tan caro que la mera perspectiva de su reventa bastó para reordenar el tablero bursátil.
Dos servicios en estudio, ninguno confirmado
Según Bloomberg, la iniciativa estaría dirigida por el responsable de infraestructura de Meta, Santosh Janardhan, junto con Daniel Gross, del laboratorio Meta Superintelligence Labs, y la presidenta de la empresa, Dina Powell McCormick. Estarían sobre la mesa dos modelos de servicio: la venta de capacidad de cálculo «bruta» (ciclos de GPU alquilados a desarrolladores, como hacen los proveedores especializados), y el acceso a modelos alojados sobre la infraestructura de Meta, incluido su modelo propietario de pesos cerrados Muse Spark, con una lógica similar al servicio Bedrock de AWS.
Estos elementos proceden de un único reportaje periodístico. El nombre «Meta Compute», los modelos de servicio y el calendario no han sido confirmados por Meta, que se ha mantenido en silencio. Por tanto, estos planes filtrados deben tomarse con cautela, en ausencia de cualquier oferta comercial anunciada. La prudencia es aún más necesaria porque el asunto afecta directamente a la valoración bursátil del grupo.
La Bolsa se adelantó a Meta
El día del informe, la acción de Meta cerró con una subida del 8,8 %, un movimiento notable para un valor que entonces acumulaba un retroceso de alrededor del 15 % en el año. En sentido contrario, los proveedores de infraestructura especializados en IA, los «neoclouds», se desplomaron: CoreWeave perdió un 13,9 % y Nebius un 17 % en la misma sesión. La lógica del mercado es clara: si Meta empieza a vender su propio cálculo, alquilará menos a estos prestadores y podría incluso disputarle sus clientes. El valor se desplaza hacia quien posee los centros de datos.
Esa fuerte divergencia en una sola sesión lo dice todo. La potencia de cálculo ha salido de la columna de costes internos: ahora es un activo cuya escasez crea valor, y cuya mera posibilidad de comercialización basta para mover decenas de miles de millones de dólares en capitalización. El compute se ha convertido en una materia prima estratégica.
Por qué Meta tendría cálculo para vender
El punto de partida es un muro de inversión. En sus resultados del primer trimestre de 2026, publicados el 29 de abril, Meta elevó su previsión de gastos de capital para el año a un rango de 125.000 a 145.000 millones de dólares, frente a los 115.000 a 135.000 millones anunciados en enero. A modo de comparación, esos gastos alcanzaron 72.200 millones de dólares en el conjunto de 2025: la trayectoria equivale a casi duplicar la cifra en un año. Meta atribuye oficialmente esta revisión de abril al aumento del precio de los componentes y, en menor medida, a costes adicionales de centros de datos; la previsión inicial de enero, por su parte, se justificó por los esfuerzos en torno a Meta Superintelligence Labs. En ambos casos, el grupo no desglosa una cantidad dedicada únicamente a IA.
Ese dinero financia centros de datos de un tamaño sin precedentes. En julio de 2025, Mark Zuckerberg anunció la construcción de varios clústeres de cálculo «multi-gigawatt»: el primero, bautizado Prometheus, debía entrar en servicio en 2026; un segundo, Hyperion, debe escalar hasta 5 gigavatios a lo largo de varios años. «Uno solo de ellos cubre una parte significativa de la huella de Manhattan», escribía entonces el directivo. Cuando se construye a esa escala para absorber los picos de entrenamiento de modelos, de manera casi mecánica se termina con capacidad infrautilizada entre un ciclo y otro. Esa reserva es la que Meta trataría de monetizar.
La intención no es nueva. En la junta general de accionistas del 27 de mayo de 2026, Zuckerberg calificó una actividad cloud de «claramente sobre la mesa», y precisó que «casi cada semana, distintas empresas vienen a vernos desde fuera para pedirnos o bien que montemos un servicio de API, o bien si tenemos capacidad de cálculo que podrían comprarnos, pagando una prima sobre el precio al que la adquirimos». Añadió que aún no lo habían hecho por falta de sobrecapacidad, pero que la opción existiría «si llegamos a un punto en el que estimemos que hemos construido demasiado».
La paradoja del gigante dependiente
El giro ilumina una contradicción en el corazón de la economía de la IA. Meta es al mismo tiempo candidata a vender cálculo y gran compradora. El grupo ha ampliado de forma considerable sus compromisos con los neoclouds con los que competiría: un nuevo acuerdo de unos 21.000 millones de dólares con CoreWeave el 9 de abril de 2026 (vigente hasta diciembre de 2032), que se suma a un primer contrato de unos 14.200 millones firmado en 2025 y eleva el total con ese único proveedor a unos 35.000 millones, y un acuerdo que podría alcanzar hasta 27.000 millones de dólares con Nebius, cerrado el 16 de marzo de 2026. La empresa alquila así de forma masiva infraestructura a terceros mientras prepara, según se dice, la reventa de la suya propia.
Ese doble papel tiene límites concretos. Según una nota del analista Rosenblatt Securities, publicada a raíz del informe, Meta no dispondría del derecho a revender a terceros la capacidad que alquila a CoreWeave. El contrato marco entre ambas sociedades contiene una restricción que prohíbe al cliente alquilar o distribuir los servicios sin el acuerdo previo por escrito de CoreWeave; sin embargo, afirmar que la reventa es imposible sigue siendo una lectura del analista más que una cláusula que prohíba explícitamente la operación. El matiz importa: delimita lo que Meta podría comercializar realmente a corto plazo y recuerda que estos montajes contractuales están lejos de ser inmutables.
Un movimiento que va más allá de Meta
Meta no sería la primera en convertir su sobrecapacidad en ingresos. A partir de mayo de 2026, la lógica ya había sido inaugurada por SpaceX y xAI, que abrieron la capacidad del centro de datos Colossus a clientes externos: Anthropic en mayo, y luego Google y Reflection AI en junio. La convergencia es llamativa: actores que han sobreinvertido en infraestructura para sus propias necesidades descubren que vale dinero cuando no la usan, y buscan convertirla en un centro de beneficios. Esta economía del cálculo no nació ayer: ya en 2025, actores de la IA cerraban acuerdos de varios miles de millones para asegurarse capacidad con proveedores especializados, como el acuerdo de 11.900 millones de dólares entre OpenAI y CoreWeave.
Este cambio reconfigura el mapa del poder en la IA. Durante mucho tiempo, la carrera se jugó en los modelos; ahora se desplaza hacia quienes poseen los data centers, la energía y los chips. Para las empresas que consumen IA, un proveedor adicional amplía las opciones y podría presionar los precios. Pero la contrapartida es una mayor concentración: unos pocos gigantes con el capital necesario para construir clústeres multi-gigawatt controlarán a la vez los modelos y la tubería que los hace funcionar. El debate sobre la dependencia de los proveedores de infraestructura, ya intenso en lo que respecta al acceso a los modelos, se extiende ahora al recurso más fundamental: el cálculo en sí mismo.
A estas alturas, el proyecto sigue siendo un plan filtrado y no confirmado. El contexto, en cambio, sí es verificable: un capex de 125.000 a 145.000 millones de dólares, contratos de infraestructura por decenas de miles de millones, una acción que sube un 8,8 % por el simple rumor de reventa. En la economía de la IA, la potencia de cálculo se ha convertido en el mercado, tanto si Meta se instala en él como si no.
